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Plazas y municipalismo. Echemos al PP en 2027

23 May, 2026 · 11:40h

El mapa político que nos dejan las elecciones andaluzas nos obliga a mirar de frente una realidad incómoda, pero con las cartas ya bocarriba. El mito del “moderado” Juanma Moreno se ha quebrado: su rodillo absolutista se ha roto y ahora se verá obligado a gobernar pasando por el aro de la ultraderecha. No hay disfraces posibles. Nuestra tierra queda, una vez más, a merced de una nueva generación de señoritos y cortijeros; solo que esta vez no visten de pana, sino que operan desde fondos buitre y multinacionales que juegan al Monopoly con nuestros barrios, con nuestra vivienda y con nuestro río Guadalquivir, expoliando la riqueza de todas para el beneficio de unos pocos.

Sin embargo, el dato más doloroso de la jornada electoral no está en el Parlamento, sino en las casas de la gente corriente. Casi dos millones y medio de andaluces y andaluzas decidieron quedarse en casa el domingo. Andalucía vuelve a ser una fábrica de abstencionistas, un escenario donde la desmovilización termina alimentando al bipartidismo de siempre. Ni los viejos gobiernos del PSOE ni el supuesto “cambio” del PP han logrado mover a nuestra tierra de los vagones de cola del paro y la exclusión.

Que diez de los quince barrios más pobres de España estén en Andalucía —y la mayor parte de ellos aquí, en Sevilla— no es una casualidad estadística, es una decisión política. La vida en los barrios periféricos está atravesada por un hastío crónico. En esos bloques donde la luz se corta cuando a Endesa le da la gana, la abstención roza el 90%. Décadas de abandono institucional, promesas incumplidas y el reciente crecimiento del discurso de odio han forjado un muro de resignación. ¿Para qué votar si la política nunca llama a tu puerta para darte una buena noticia?

Y en este punto, a la izquierda transformadora nos toca mirarnos al espejo y asumir responsabilidades con total honestidad. Ningún proyecto será percibido como una herramienta útil si se rige por las mismas dinámicas rancias de la vieja política. Las coaliciones de laboratorio, negociadas a puerta cerrada repartiendo puestos a cara de perro, no representan ninguna unidad: representan un pacto de supervivencia. Es vieja política, y duele profundamente reconocer que Podemos se ha dejado arrastrar por esa inercia.

Vinimos a cambiar las reglas del juego, pero poco a poco caímos en la trampa. Con cada proyecto de “unidad” cocinado sin primarias, sin democracia interna y sin la implicación real de los movimientos sociales, fuimos alejándonos del espíritu del 15M. Nos enredamos en proyectos que renunciaban a la impugnación, que cada vez eran menos ambiciosos, olvidando que nuestra fuerza no provenía de una moqueta, sino del latido de las calles y de las demandas de nuestros vecinos y vecinas. En demasiadas ocasiones hemos optado ya por resistir en los despachos en lugar de soñar con el cambio que traiga bienestar a quienes representamos.

Nos esperan cuatro años difíciles frente a un Gobierno andaluz rehén de la extrema derecha. Vienen tiempos de subasta de la sanidad pública, cierre de colegios públicos, de venta de VPOs a 350.000 euros que son un insulto a la juventud trabajadora, y de un patrimonio natural sacrificado a las multinacionales mineras.  Es hora de reforzar el trabajo empezando por nuestros municipios. Un compromiso firme y sin ataduras para defender nuestra tierra. Porque nos necesitamos, necesitamos a cada vecino, a cada estudiante, a cada trabajadora, a cada migrante y a cada pensionista haciendo política en los barrios, en las asociaciones vecinales, en los movimientos sociales y también en las instituciones.

Las municipales no pueden ser otro proyecto de coalición cocinado en un despacho. Tiene que ser el resultado de un pacto real entre la gente que lleva años defendiendo su barrio, su río, su derecho a una casa y su dignidad frente al capital. Ese proyecto no existe todavía. Pero las personas que pueden construirlo sí existen, y muchas de ellas llevan años haciéndolo sin esperar a que ningún partido les dé permiso. A las organizaciones vecinales, a los movimientos ecologistas, a las feministas, a los sindicatos de base, a todos los que saben perfectamente lo que se juega en esta ciudad: el espacio para ensanchar está ahí, la puerta no tiene llave y el tiempo apremia. No queremos otros cuatro años de PP y VOX también en lo municipal,  hay que echarlos. Empecemos.

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