La crisis de la vivienda está azotando de lleno a los servicios públicos de la Costa del Sol, donde los precios de alquileres y de viviendas son los que mayor subida han experimentado durante los últimos años de toda la geografía andaluza. En pleno corazón de la costa malagueña, en Marbella, los sanitarios del Hospital Costa del Sol están sufriendo un escenario, cuanto menos dantesco.
Tras salvar vidas durante toda el día, bajo jornadas inagotables de trabajo en el centro hospitalario, médicos y enfermeros se están viendo obligados a dormir de forma prácticamente impensable, y en estampas que, en muchos casos, roza lo inhumano: en coches particulares y caravanas en el entorno del hospital. La inaccesibilidad de la vivienda, traducida en presión inmobiliaria, y la falta de intervención pública, está expulsando a estos profesionales sanitarios del mercado, obligándolos a tomar decisiones drásticas como la descrita.
Esta situación en el Hospital Costa del Sol ha dejado de ser una anécdota para convertirse en síntoma estructural de la crisis habitacional. En los aparcamientos donde antes predominaban vehículos de pacientes y visitantes, ahora acumulan furgonetas, coches y autocaravanas funcionando como viviendas improvisadas para parte de la plantilla. “Es la única manera que tenemos para poder venir a trabajar”, comenta una auxiliar de enfermería que lleva años con temporalidad en el contrato mientras el descanso es dentro de un vehículo. Organizaciones sindicales, como CSIF, advierte de que existe un fallo de especial gravedad en el sistema, donde quienes están en los servicios esenciales no pueden cubrir una necesidad básica como el acceso de la vivienda.
El problema también recae, además, en una cuestión territorial. En Marbella, el encarecimiento del alquiler ha expulsado a trabajadores hacia municipios lejanos, desplazando a otros muchos directamente fuera del mercado laboral. Los profesionales se encuentran con desplazamientos de hasta 3-4 horas diarias por la falta de conexión con el transporte público, ocasionando, a su vez, un importante perjuicio para la calidad asistencial. Las fuentes sanitarias reclaman incentivos por la falta de contratos que quedan por cubrir ya que trabajar implica perder dinero o salud. Asimismo, instan a la búsqueda de soluciones habitacionales urgentes para atraer personal.
Y es que la exigencia de intervención pública ante un mercado inmobiliario que está completamente desbocado es total en la Costa del Sol. Los trabajadores proponen medidas como la recuperación de alojamientos públicos para el uso sanitario utilizando como residencias infrautilizadas o la regulación de precios en zonas tensionadas. Las plantillas reclaman que sin vivienda no hay sanidad y la denuncia de la falta de acción política traslada el coste de la crisis a los propios profesionales. Ante una temporada alta, el riesgo aumenta: la presión asistencial, los recortes de personal disponible y el colapso del sistema público acaban propiciando que no se garanticen unas condiciones dignas para quienes velan por primeras necesidades.
Periodista. Magíster en Comunicación Institucional y Política. Pasé por EL PAÍS y Agencia EFE. Codirector de Espacio Andaluz (EA).




