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‘San’ Fernando: la mitología cruzada de Vox sustituye a la historia en las aulas sevillanas

30 May, 2026 · 15:38h

“No pasarán”. El grito de la izquierda antifascista se ha roto en Sevilla. Ya han pasado. De hecho, han penetrado en lo más sensible, los centros escolares, y lo han hecho con la complicidad del Partido Popular. Convirtiendo la infamia en éxito, la extrema derecha sevillana lleva días desplegando una campaña de adoctrinamiento sobre el patrón local, Fernando III, que va a impactar en más de 30.000 alumnos. Lo llaman, sin despeinarse, formación “clave para la educación de los nuevos sevillanos”.

Pero antes de analizar qué esconde este concepto de nuevo sevillano, conviene entender por qué la ultraderecha necesita falsificar la historia para sobrevivir y destacar en la esfera política. Porque si los estudiantes de esta ciudad conocieran el legado real del ultranacionalismo católico que Vox reivindica —lo que produjo socialmente, lo que destruyó culturalmente, a quiénes aplastó en cada siglo— no habría persona sensata que se acercara voluntariamente al estercolero ideológico que representa el partido de Santiago Abascal. La mentira no es un accidente en este su nuevo proyecto educativo. La mentira es en sí misma su proyecto de acercamiento a los sujetos más vulnerables de la comunidad educativa.

¿Qué es exactamente un “nuevo sevillano” para la extrema derecha? Porque en ese concepto deberían caber todos los niños y niñas de esta ciudad: los que llevan apellidos del Magreb en los colegios de la Macarena, los que hablan rumano en casa en Pino Montano, los que tienen dos madres en Triana, los que son trans y aún no lo saben, los que rezan hacia La Meca en el recreo. Todos esos niños, esta semana, reciben un mensaje muy claro del Ayuntamiento: vuestra historia no cuenta. Vosotros no sois los sevillanos que queremos fabricar. Detrás de las proclamas sobre “nobleza, lealtad y unidad de España” late un aviso xenófobo de manual: o te asimilas a la cruzada, o eres un sevillano de segunda.

La campaña de VOX pretende promover los valores de la “gesta” del conocido como rey ‘santo’ desde una lectura interesada en la que se omiten las sombras de una conquista de Sevilla que tuvo más de muerte, hambre y limpieza étnica, que de proceso de asimilación cultural no violenta. La Historia que se enseñe en las aulas de Sevilla debería ser la historia real, completa, con sus luces y sus sombras, con los vencedores y con los expulsados, con los que construyeron esta ciudad y con los que fueron arrojados de ella.

Una historia que incluya a los niños migrantes y a los hijos de familias LGTBI+ no como objetos de conquista ideológica, sino como sujetos con genealogía y dignidad propias. Como era de esperar, el folletín nacionalcatólico que ha montado VOX para adoctrinar en las escuelas no menciona el asedio a la población sevillana durante 27 meses de bloqueo total, con la ciudad diezmada por el hambre y las enfermedades. En esa estampa histórica no hay nobleza ni caballería. Lo que hay es una catástrofe humanitaria deliberada. Tampoco aparece que en todas las ciudades andaluzas que Fernando III tomó procedió a la expulsión de su población local (musulmanes en su mayoría, casualmente), y así lo haría en Sevilla: cerca de 100.000 personas —familias con sus raíces, sus talleres, sus muertos enterrados en esta tierra— expulsadas en días, a pie, hacia el exilio. Muchas murieron en los caminos. Eso tiene un nombre en el derecho internacional contemporáneo. Varios nombres, de hecho.

fernando iii (san fernando), patrón de la ciudad de Sevilla

Pero hay una parte que la ultraderecha tiene especial interés en enterrar, y es la más reveladora de todas. El legado de Fernando III no es solo el de una conquista militar. Es el de un orden moral totalizador y violento. Las crónicas recogen que el rey mandó marcar a los herejes con hierros al rojo vivo, que “enforcó muchos home e coció en calderas”. Esa fue la pedagogía del terror de ‘San’ Fernando en el medievo que, en su versión actual y castellana, hoy practica VOX cuando señala y violenta públicamente con su discurso a las mujeres, a las personas migrantes o al colectivo LGTBI.

El cinismo o la ignorancia de la extrema derecha alcanza su cénit cuando asegura que esta campaña fortalece la “cohesión social”. Lo que el santo patrón Fernando III instauró en Sevilla con el Libro del Repartimiento fue precisamente la fractura fundacional que Andalucía todavía no ha terminado de curar, es decir, el latifundismo. El modelo que Vox quiere que los niños admiren es el mismo que destruyó el tejido agrícola andalusí —basado en el minifundio y en sistemas de regadío intensivo extraordinariamente avanzados— para entregar inmensas extensiones de tierra a la Iglesia, a las órdenes militares y a los antepasados de los terratenientes que hoy ocupan lugares preeminentes en el nomenclátor de la ciudad. Ayer fueron aquellos señoritos, hoy son los fondos buitre y el lobby turístico. La misma lógica a través de los siglos: acumular, excluir, desposeer. Los barrios más pobres de Sevilla, que lo son también de España, son el resultado lógico y continuado de ese sistema de acumulación de riquezas en unas pocas manos. Que Vox quiera que los niños de esos barrios celebren al rey que lo fundó dice todo sobre a quién sirve la ultraderecha cuando habla de “cohesión”.

Y aquí reside la clave de por qué necesitan reescribir la historia: porque la historia real los condena. Cada vez que un estudiante aprende que el modelo que Vox glorifica fue el mismo que condenó a Andalucía a siglos de jornaleros sin tierra, al analfabetismo funcional, a la emigración masiva y a la miseria estructural de sus clases populares, ese estudiante tiene en la mano las herramientas para desmontar el discurso ultra. Por eso hablan de caballeros y llaves de ciudades, y no de deportaciones masivas. Por eso el material didáctico expone una postal nostálgica, y no la historia crítica que nos explicaría quiénes somos y cómo llegamos hasta aquí. La ignorancia es la condición de posibilidad del fascismo. Siempre lo fue, y siempre lo será.

La extrema derecha sevillana dice que está consiguiendo sus objetivos “poco a poco, sin prisas pero sin pausas”. Y ahí, lamentablemente, sí que llevan razón. Avanzan con la colaboración necesaria y silenciosa del alcalde José Luis Sanz. Ya son tres años en los que el PP blanquea este avance y lo reviste de normalidad. El fascismo cultural avanza liderado por fanáticos y agitadores y protegido por el franquismo que nunca se fue. El fascismo cultural avanza con la paciencia de quien sabe que cada generación moldeada en el miedo a lo diferente es una victoria duradera. 

El intento de Vox por redimensionar la festividad de “San Fernando” es el enésimo intento de disputar la hegemonía cultural e imponer un relato excluyente en Sevilla. Utilizan a Fernando III exactamente igual que utilizan al Cid o a Hernán Cortés, como herramienta de demolición de los valores democráticos, la diversidad y los derechos sociales. Este 30 de mayo, frente a su insistencia en glorificar el origen del latifundismo y la intolerancia, la respuesta no debe ser el silencio. Toca recordar que Sevilla no se levantó gracias a las espadas de unos pocos nobles invasores, sino a pesar de ellos, gracias a las manos de la gente trabajadora que, siglo tras siglo, sigue sufriendo las consecuencias de aquel reparto infame. Menos mitología de cruzada y más derechos para las gentes de los barrios sevillanos.

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