Sin amnistía para la gestión del sistema educativo andaluz

Artículo de opinión de Roberto del Tío, profesor de la educación pública andaluza

Mediado ya el primer trimestre del presente curso académico, un primer trimestre con los centros educativos andaluces prácticamente ajenos a la polémica política que parece ocupar todo el espacio mediático. Todo el ruido externo al sistema educativo andaluz desaloja de los primeros lugares de interés las noticias que se producen en torno a la Educación en Andalucía. Pero las incidencias de calado no dejan de producirse.

Desde la Consejería del ramo, como en los anteriores cursos, la política educativa de principios de curso se reduce a divulgar un montón de cifras grandilocuentes que no aguantan su carácter ostentoso si se observan con un poco de detenimiento, mucho menos si se les acerca una lupa. Presumir del presupuesto que se emplea en cada curso o del número de profesores y profesoras es como presumir de que enciendes la luz cuando entras en un aula a oscuras. Ni una sola referencia a la mejora de la propia Educación. En definitiva, pura falacia, aunque ciertamente eficaz para desactivar la importancia de las
verdaderas incidencias dentro de los centros. Pero dentro de los centros ya no se puede engañar a nadie.

En solo dos meses se ha visto cómo el alumnado más necesitado ha visto drásticamente recortado sus recursos alejando mucho su derecho a la misma Educación que sus compañeras y compañeros, hemos visto cómo han protestado sus familias y las AMPAS de sus centros, hemos visto cómo las profesionales que se hacen cargo de ese esencial trabajo han convocado una huelga para tratar de evitar esta política de recortes. También hemos visto cómo se van componiendo aulas con niños y niñas de distintas edades, cómo se cae algún techo que deja a un instituto entero sin poder ir a clase más de dos semanas, cómo aumenta el precio de los comedores escolares, cómo se retrasa sistemáticamente la incorporación del profesorado que debe sustituir las bajas… En algunos sectores importantes de la Comunidad Educativa se ha calificado este principio de curso como “el peor de la historia”.

Desde que gobierna Bonilla se han recortado 2000 aulas en centros de Educación Pública, casi ninguna en la concertada. Mientras, se están abarrotando las clases que quedan sobrepasando en no pocas ocasiones el número legal de alumnos y alumnas que debe haber en cada aula. Eso supone menos profesorado en el sistema a la vez que el que está trabajando está teniendo que asumir mucha más carga docente. Toda la ola de recortes en la red pública de centros educativos provoca situaciones de conflicto cotidianas para las cuales el profesorado es la cara de todo el sistema educativo.

De esta forma, la figura del profesorado, el núcleo de cualquier sistema educativo, está siendo sometida a una erosión sin precedentes. Y acaban pagando en su formación los jóvenes andaluces.

Todo lo anterior está ejecutado firmemente por una consejera a la que no se le conoce ninguna conexión con el mundo de la Educación antes de este cargo, pero sí con las hojas de cálculo y las interpretaciones de sus medidas. A estas alturas ya no esconde la verdadera intención de estos recortes y medidas demasiado reaccionarias para quienes entendemos la Educación como una herramienta que proporcione igualdad. En el Parlamento Andaluz reconoció que este año, por primera vez, el dinero público que irá a la escuela concertada sobrepasa los 1000 millones de euros. “¿Cómo no vamos a atender a los niños y niñas de la concertada?”, comentó, para a continuación sentenciar “¿Qué importa que estudien en un concertado o en un público si los pagan los fondos de los  andaluces?”. Es decir, ella no sabe esa diferencia, no sabe la diferencia entre educar para mejorar la sociedad o hacer negocio con la Educación.

Con la concesión de nuevas universidades privadas, con los conciertos cada vez más frecuentes con entidades privadas de enseñanzas de formación profesional, con los conciertos de bachilleratos y el aumento de los conciertos en educación primaria y secundaria, la privatización de la Educación camina a pasos agigantados de la mano del actual Gobierno andaluz, una privatización que sólo puede soportarse con el desmantelamiento que está ocurriendo en la red pública.

La consecuencia más importante es que este diseño de la Educación, aparte de que servirá para llenar bolsillos privados con fondos públicos, sólo provocará más desigualdad. Más desigualdad en una tierra que ya la sufre en demasía. Imperdonable. No puede haber amnistía ni medida de gracia para este despropósito.

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