¡Tractoradas a la vista!

¡Tractoradas a la vista! Y ya son varios días consecutivos donde la prensa nacional lanza titulares más o menos representativos sobre el porqué de las movilizaciones de los agricultores llevadas a cabo en todo el estado español y  en países miembro de la Unión Europea. Las movilizaciones del sector agrícola tienen demandas particulares según el país de origen pero hay peticiones que se repiten independientemente de cuál sea su procedencia. Si ponemos el foco en lo que está ocurriendo en Andalucía, podemos identificar que: 

El Tratado de Libre Comercio  cobra protagonismo con motivo de la competencia desleal que se produce mismamente entre nuestra vecina Marruecos y nosotras, teniendo en cuenta que las exigencias por ley en torno al uso de fitosanitarios o fertilizantes (nitratos y fosfatos) y uso de pesticidas es diferente. Bajo la visión de la salud, las restricciones europeas que nos atañen son mínimamente adecuadas para nuestro bienestar y la de los ecosistemas, claramente es poco ambiciosa, ya que existe una problemática muy grave en torno a la contaminación de aguas superficiales y subterráneas en Andalucía como consecuencia del cúmulo de elementos traza (metales pesados tóxicos y elementos radiactivos) que llevan consigo los fertilizantes, dejando un escenario de ríos sin vida y acuíferos esquilmados  y, en el mejor de los casos, contaminados. Y lo más preocupante, se estima  que la contaminación de las aguas por fertilizantes es responsable de 1,36 millones de muertes evitables cada año en el mundo. 

Además, el no cumplimiento de la Ley de  la  Cadena Alimentaria, cuya encargada de asegurarse que se implementa y ejecuta es la Junta de Andalucía, hace que las grandes superficies distribuidoras como Mercadona, Carrefour o Alcampo pongan precios de venta al consumidor un 200% superior al precio de compra inicial. Habría que poner el ojo en esta problemática que, lejos de dignificar a las agricultoras, pone en jaque su descomunal fuerza de trabajo. 

En definitiva, tenemos un modelo de agronegocio que no funciona porque esquilma los recursos como el agua (cuando la hay), y contamina el medio envenenando silenciosamente a los seres vivos de su alrededor. Este modelo de producción agrícola y ganadero hiperintensivo, masivo y descomunal no está dando los resultados esperados y hemos de ofrecer alternativas que protejan de la forma más justa a las pequeñas agricultoras y ganaderas que configuran los paisajes andaluces. Por todo esto, se hace necesaria una reforma integral de la Política Agraria Comunitaria (PAC), donde se presenten alternativas que tengan en el centro la justicia social, modelos de producción de proximidad que implementen agricultura regenerativa y el consumo de temporada.

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