El Instituto de Medicina Legal de Cádiz colapsa ante la falta de personal y vive una situación dramática

El Servicio de Patología Forense del Instituto de Medicina Legal de Cádiz se encuentra en una situación límite como así vienen denunciando desde UGT (Unión General de Trabajadores). El contexto en el que se desarrolla este organismo público es surrealista: cadáveres en estado de putrefacción, falta de personal, una sala de refrigeración incapaz de bajar de menos dos grados e incluso un carnicero realizando labores de auxiliar de autopsias.

Y, cuando la situación no podría empeorar más, el único auxiliar de autopsias sufrió un síncope el pasado viernes, provocando un colapso definitivo que ha provocado la suspensión de esta actividad. Sin embargo, desde la Junta de Andalucía informan que «no es cierto que se hayan dejado de hacer autopsias». La falta de personal se traduce en que «el servicio de patología forense debería contar con cuatro auxiliares, pero uno se ha jubilado, otra plaza está vacante y no se cubre desde hace años, había una persona de baja por estrés y el único que quedaba tenía que hacer frente a todos los turnos, hasta el punto que ha llegado a su límite y también ha enfermado. Así las cosas, los forenses no pueden realizar su labor y las autopsias en Cádiz se suspenden hasta nuevo aviso”, aseguran desde UGT.

Además, uno de los puntos donde UGT ha querido hacer más hincapié en esta denuncia es en la contratación de personal cualificado. Desde este sindicato denuncian desesperadamente que «muchos de los candidatos llegan sin saber si quiera a lo que se enfrentan. Cuando ven el cadáver, cuando se les dice lo que tienen que hacer, los hay que renuncian directamente. Otros necesitan el empleo y lo intentan, pero carecen de formación y los forenses no tienen tiempo de formar a nadie». UGT lamenta el actual estado de este servicio que «funcionaba a la perfección».

No sin contar otro problema de gran calado: la saturación de la sala de refrigeración de cadáveres. Se cuentan acumulados 30 cuerpos, de los cuales 16 no han sido identificados. La masiva concentración empuja al almacenamiento de estos cuerpos a una cámara refrigeradora con temperaturas entre los 2 y -2 grados, generando la putrefacción de los sudarios. De ahí a la aparición de gusanos infecciones o gases irrespirables que ponen en riesgo la salud de los trabajadores.

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