Efemérides y oportunistas

Se han cumplido 45 años de nuestra Carta Magna, el texto que ha dado a España y a los españoles y españolas los mejores años de paz y convivencia. Y de la misma forma, en Andalucía hemos vuelto a reivindicar y celebrar aquel 4 de diciembre que vino a poner encima de la mesa las intenciones de un pueblo que dijo “esta boca es mía”. En este caso, 46 años de aquella histórica jornada inolvidable y que guarda el germen de lo que ya era imparable: la autonomía andaluza.

En la semana en que se rememoran ambas efemérides, conviene saber dónde estuvo cada cual en aquel entonces. Con una premisa de por medio: estas líneas no vienen a repartir carnés de buenos o malos constitucionalistas o andalucistas.

Como todo en la vida, es oportuno decir de dónde proceden ciertos comentarios para saber si son más o menos interesados. Eso es lo que pretende el que escribe en días en los que parece, o quieren hacernos creer, que todos jugaron el mismo papel en los decisivos momentos de 1977 y 1978. Se hace un uso tan intensivo (incluso se manosean) de palabras como «constitucionalista» o «legítimo» que damos lugar a que se devalúe el significado de tan altos términos.

Y es en días como estos en los que para contrarrestar esa devaluación viene bien recordar los hechos que acabaron forjando el devenir de España, con la aprobación de la Constitución primero, y de Andalucía, con el referéndum de autonomía después.

Al igual que con las palabras y los comentarios, también es bueno identificar dónde estuvo la determinación en aquellos momentos para que sendos procesos salieran adelante. Es por ello que en este punto convendría apuntar que de los 16 diputados que tenía Alianza Popular en el Congreso de los Diputados, unos votaron a favor, otros se abstuvieron y otros votaron en contra. De todo un poco ofreció el partido que dio a luz al partido que hoy se dice único y verdadero valedor del texto en el que cabemos todos y todas.

Hechos como este sirven para saber que aquel no fue un proceso de luces y colores. Y que tampoco estaba de entrada hecho. Fue un proceso en el que muchos tuvieron que transitar por contradicciones (como en cualquier proceso de negociación o diálogo) para que todo avanzara poco a poco. Y también fue un proceso en el que muchos tuvieron que renunciar a fuertes convicciones para que el viaje llegara a buen puerto.

Los socialistas renunciaron a la república, los comunistas aceptaron la rojigualda y otros que se encontraban en las antípodas, como los nacionalistas catalanes, también formaron parte de la redacción de la Constitución. De esta forma, se afianzó esa determinación que finalmente hizo posible la aprobación de nuestra ley fundamental. Determinación que flaqueó en las filas de Alianza Popular cuando finalmente hubo que aprobarla en el Congreso.

Semejante catarsis se aprecia en quienes hoy también se erigen como andalucistas de toda la vida, los que han tardado casi 40 años en entender cómo es Andalucía y que hoy, sí, gobiernan con mayoría absoluta en la Junta.

Tirando otra vez de memoria, a nadie se le olvida aquello de “andaluz, este no es tu referéndum”. Sí, con ese lema se despacharon desde UCD, pasando por Alianza Popular, para promover la abstención (incluso el no) en el referéndum de autonomía de nuestra comunidad. Dicho sea de paso, todos sabemos qué partido fue el que capitalizó aquellas incontenibles ansias de futuro y progreso.

Hay cosas que son cíclicas y siempre se replican para la derecha: parece que casi siempre llegan tarde. Sobre todo en aquellos momentos cruciales en los que suele estar en juego un avance incontestable para España o para Andalucía.

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