Quien no conoce su historia está condenado a repetirla. En 1998, un desastre minero acabó con la salud de varios ríos andaluces (sevillanos, onubenses y gaditanos). Algunos perdieron toda forma de vida por completo. Otros, como el río Guadiamar, se vieron inundados de pleno por materiales altamente tóxicos. Ahora, 30 años más tarde, la Junta de Andalucía ha decidido reabrir aquella profundísima herida aprobando un nuevo vertido minero. Esta vez voluntario y selectivo. Miles de millones de litros de aquellos residuos tóxicos serán arrojados a otro gran cauce andaluz. En esta ocasión, al río que baña de norte a sur, de este a oeste, la geografía andaluza: el río Guadalquivir. ¿La fecha? 2028.
Uno de los ecologistas expertos que participa en la investigación sobre los vertidos tóxicos en el río Guadalquivir es Jesús Manuel Castillo, catedrático de la Universidad de Sevilla (US), quien ha advertido en enésimas ocasiones a las administraciones públicas, en especial, a la Junta, y a todos los sectores que se verían perjudicados, de los riesgos que conllevarían los futuros focos contaminantes; ambos relacionados con el vertido de aguas contaminadas por parte de Minera Los Frailes y Cobre Las Cruces. Según explica este profesor de Ecología, estos vertidos afectarían gravemente a la calidad del ecosistema acuático, a los sedimentos del fondo del río y por tanto a la biodiversidad de los ríos andaluces.
Castillo (Sevilla, 52 años) colabora en la divulgación científica de sus resultados con SOS Guadalquivir (Salvemos el Guadalquivir), la plataforma que ha liderado la movilización ciudadana, social y sectorial con el objetivo de frenar ambos proyectos mineros y hacer un exhaustivo estudio para evitar los riesgos medioambientales. Hoy viene a Espacio andaluz a contar la realidad de la alarmante problemática desde el punto de vista científico.
Pregunta. Primero de todo, cuando hablamos de contaminación en el río Guadalquivir, ¿de qué metales estamos hablando y de qué nivel de contaminación más o menos?
Respuesta. Estamos hablando de metales y metaloides, porque, por ejemplo, el arsénico no se considera exactamente un metal. Ya la expresión metal pesado está en desuso. Podemos hablar de metales y metaloides potencialmente muy tóxicos, porque todo esto depende de concentraciones, como puede ser el zinc, que es lo que la mina de Cobre Las Cruces ha vertido más desde 2008-2009.
P. Y cobre, ¿verdad?
R. Como puede ser el cobre, como puede ser el níquel, como puede ser el arsénico, como es el cromo, entonces estamos hablando de muchos metales. Cadmio también. Estamos hablando de metales como el plomo; mercurio, por ejemplo, no. Algunos de estos metales están regulados en la Unión Europea en alimentos: el cadmio, el arsénico, el mismo plomo y el mercurio, que en este caso no es un problema.
Entonces estamos hablando de esos tres, del cadmio, plomo y arsénico, que están regulados porque se sabe que provocan cáncer y se ha estudiado científicamente que provocan cáncer, entre otras enfermedades. Y después, metales como el cobre, como el zinc, como el cromo, que no están regulados en la Unión Europea, pero que también están potencialmente relacionados con enfermedades si llegan a nuestros cuerpos.
¿Y a qué nivel de contaminación? Pues a niveles mundiales récord. Por ejemplo, el último dato que tenemos de junio de 2025 en los peces, en los albures, tenemos récord bibliográficos, nunca se habían medido tantos metales en los peces del género este en todo el mundo. Entonces tenemos metales a niveles altos que provocan efectos ecotóxicos, es decir, las especies que viven en el río se reproducen menos, crecen menos y mueren más, y tenemos niveles incluso de récord a nivel mundial. Y esto solo con el vertido de cobre en las cruces que empezó en 2008-2009, sin contar con lo que viene.
P. Claro, sin contar con lo que van a verter ahora, porque ahora mismo ya han dado el visto bueno, y si no se dice lo contrario, se seguirán vertiendo más litros y litros.
R. En principio ya hay dos vertidos autorizados, un segundo vertido de la mina de cobre en Las Cruces, que hasta ahora ha funcionado a cielo abierto con una corta minera, pero ahora tienen un proyecto para funcionar en galerías subterráneas, y el vertido en este caso sería más de tres veces lo que han vertido hasta ahora, que ya ha provocado lo que hemos dicho antes, y la reapertura de la mina de Aznalcóllar, que conllevaría a un vertido de siete veces lo que ha vertido hasta ahora cobre en las cruces, es decir, entre el nuevo vertido de Cobre Las Cruces y la reapertura de la mina de Aznalcóllar en general estaríamos hablando de multiplicar la contaminación actual por diez o incluso más, porque en la naturaleza algunas veces dos más dos no son cuatro, son seis o siete, porque hay efectos sinérgicos que hacen que un impacto se pueda acrecentar interaccionando con otro.
P. Sí, y de todas formas va cambiando, o sea, un día puede estar de una forma y otro día de otra. El tema de que las dos se hayan aceptado al mismo tiempo es porque no han tenido en cuenta las consecuencias que una puede traer a la otra.
R. Efectivamente, en los estudios de impacto ambiental nadie ha tenido en cuenta los efectos acumulativos y sinérgicos relacionados con dos vertidos dándose a pocos kilómetros en la misma zona del estuario interior ya contaminado. Entonces esto, desde nuestra perspectiva, aquí estamos en estas investigaciones colaborando ya 15 investigadores e investigadoras de las universidades de Granada, Cádiz y Sevilla, de seis disciplinas científicas diferentes, y desde nuestra perspectiva, si se llevan a cabo los dos nuevos vertidos anunciados, estamos hablando de que eso supondría el sacrificio del río Guadalquivir a la minería.
P. Y ahora mismo, ¿superan ya los niveles de contaminación establecidos como seguros?
R. Para consumo, aquí en España hay un problema y es que hay normas de calidad ambiental para las aguas, es decir, la ley te dice qué concentración máxima, por ejemplo, de arsénico pueden tener las aguas, pero no hay normas de calidad para los sedimentos, de manera que en los sedimentos hay un vacío legal, digamos. Entonces, ¿cuándo consideramos que un sedimento está contaminado o no? Bueno, si provoca efecto ecotóxico, ya está afectando a la vida que vive en el río, por lo tanto, ya podemos decir que está muy contaminado.
Ahora mismo tenemos albures, que es un pez que se come habitualmente, y vamos, podéis ir a Coria del Río, a Puebla del Río, a Alcalá del Río y pedir albures, y además algunos vienen de fuera del Guadalquivir y otros muchos vienen del Guadalquivir, aunque su comercialización no está regulada, como está regulada la comercialización de los productos pesqueros del mar. Ahí sí, pasan por una lonja y está todo más o menos controlado. Aquí en la pesca de agua dulce no está regulado, por lo tanto, la venta y la comercialización se da de manera, digamos, ilegal o alegal.
Claro, en el vacío legal se mueve. Entonces, bueno, uno puede ir y comer albures del Guadalquivir, que en el músculo dorsal, la parte alta del pez donde se ha medido la contaminación, supera los niveles permitidos de plomo para la ingesta de carne de pescado en la Unión Europea, y hay gente aquí que se come el hígado del albur. El hígado del albur se conoce como los torteros, los torteritos, yo nunca lo he probado, dicen que son una delicatessen, y el hígado del albur es la depuradora del pez.
Por tanto, debe de tener muchísimos más metales, nadie los ha medido, y la gente se los come. Eso es lo que tenemos que sepamos, porque solo se ha medido eso en el estuario interior. Pero seguro que hay otros peces contaminados en el estuario interior, y además hay, por ejemplo, aves como los cormoranes que se comen esos peces, o la nutria se come esos peces.
Entonces, se da lo que llamamos la biomagnificación de los contaminantes, es decir, conforme subes a niveles tróficos superiores, la concentración de contaminantes en los tejidos es mayor. La nutria tiene más concentración de metales que los peces, y los peces tienen más concentración de metales que las algas. Y, en la desembocadura del Guadalquivir, lo que tenemos son, que sepamos, porque es lo único que hemos estudiado, galeras, que es un crustáceo parecido a las cigalas.
Pues es un crustáceo que hace galerías en el fondo del mar, y sale habitualmente de noche. Y hemos medido este crustáceo, porque claro, al vivir en el fondo del mar, es muy buen indicador de contaminación metálica, porque los metales no están en el agua, los metales están en los sedimentos del fondo. Y tenemos galeras, medidas, tanto en julio como en noviembre, con niveles de arsénico inorgánico al borde de lo permitido en la Unión Europea para su consumo.
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P. Básicamente estamos hablando de niveles tóxicos para las personas. Porque realmente, ¿por qué los metales no desaparecen del ecosistema?, ¿por qué no desaparecen en el río y se vierten finalmente en el mar?
R. Los metales no son como la materia orgánica. La materia orgánica, si nosotros contaminamos un río con aguas residuales, por ejemplo, de una ciudad, porque no se depuren bien las aguas de nuestros cuartos de baño, por ejemplo, pues esa contaminación orgánica se descompone, y acaba siendo descompuesta en nitrógeno, en nitrato, en fosfato, y acaba siendo captada por la vegetación y se incorpora a la materia orgánica de nuestros cuerpos de manera no dañina, porque se descomponen los mismos elementos que nos forman a nosotros. De manera que llega un momento que los captamos y parte de lo que eran los excrementos que lanzamos por el váter al río, puede ser nitrógeno, puede llegar a un pez, ese pez nos lo comemos y es un nitrógeno que es nuestro otra vez y no hay ningún problema. Con los metales no pasa eso. Con los metales no se descomponen y en el cuerpo se bioacumulan. Es decir, su concentración va aumentando a lo largo del tiempo.
P. Entiendo. Entonces, ¿se podría decir que el río está acumulando esa toxicidad y que al final tanta toxicidad va a ser peor con el tiempo? ¿Verdad?
R. Pues sí. Lo que dicen las empresas mineras y ha asumido la Junta de Andalucía en las autorizaciones de vertido es que los metales van disueltos, como si cogemos sal y la disolvemos en el agua y desaparece la sal, pero bueno, probamos el agua y está salada, está disuelta. Y lo que dicen es que esos metales disueltos en las aguas de vertido, al llegar al estuario del Guadalquivir, se diluyen porque el volumen del Guadalquivir es mucho mayor que el vertido.
Es decir, cogemos ese vaso de agua y lo echamos en una bañera y probamos la bañera y no es que ha salado porque la sal disuelta se ha diluido y esos metales disueltos y diluidos salen fácilmente al Golfo de Cádiz y en el Golfo de Cádiz parece que desaparecen. Sin embargo, eso no es cierto. Eso es absurdo.
Eso es anticientífico. Lo que realmente está pasando y lo que pasará si se llevan a cabo los dos nuevos vertidos es que esos metales es verdad que llegan a baja concentración al estuario del Guadalquivir porque hay un proceso de depuración. Un proceso de depuración pero no elimina todos los metales. Entonces llegan a baja concentración. El problema no es la concentración. El problema es el volumen de vertido que son millones y millones y millones de litros.
De manera que al final llegan toneladas de metales al estuario. Y esos metales realmente lo que ocurre con ellos es que se unen a partículas que hay en suspensión. Si ustedes van ahora al estuario del río Guadalquivir veréis el color que tiene el río. Es un color parecido a esto. Un color ocre, marrón, porque tiene muchas partículas en suspensión. Esas partículas, muchas de ellas son arcillas, son materia orgánica que tienen cargas negativas. Los metales tienen cargas positivas. Entonces se unen. Y aquí en la zona interior del estuario esas partículas van al fondo habitualmente.
Entonces lo que está haciendo el estuario del Guadalquivir es acumular metales en el fondo. Desde 2008-2009. Esos metales del fondo son captados por algas. Las algas son comidas por peces. Entonces esos metales circulan y provocan efectos ecotóxicos en toda la red trófica. Cuando llueve mucho y las presas de Alcalá del Río y el Gergal sueltan agua, como ha pasado el año pasado y este año, parte de esos sedimentos contaminados del fondo son removilizados por las turbulencias de las presas que están saliendo y son transportados a aguas abajo.
Lo que explica los niveles relativamente altos que tenemos en la desembocadura, por ejemplo, especialmente de zinc y de arsénico, que explica que las galeras salgan con niveles altos de arsénico. Y después cuando los metales llegan al Golfo de Cádiz no desaparecen. Hay estudios que demuestran que esos metales que salen desde el estuario del Guadalquivir llegan incluso al mar de Alborán, al Mediterráneo. Es decir, cruzan el estrecho de Gibraltar y contaminan el Mediterráneo, las costas de Málaga.
P. ¿Y estaríamos a tiempo de revertir los daños o ya son irreparables?
R. Cuando un sedimento fluvial de un ecosistema acuático se contamina con metales, dar marcha atrás no es posible. Lo que podemos hacer es que la naturaleza poco a poco tiene una capacidad de autodepuración. ¿En este caso en qué consiste? Pues que si tenemos sedimentos contaminados con metales y encima de esos sedimentos se van depositando sedimentos no contaminados, llega un momento que los sedimentos contaminados están a mucha profundidad y por lo tanto ya quedan aislados de la red trófica. Entonces es una manera de autodepurarse en el río. Y otra manera es que sean transportados al océano y en el océano se diluya la contaminación más de lo que está en el estuario del Guadalquivir.
Pero claro, en este caso nos planteamos que hay proyectos mineros aprobados para una explotación de 20 años y que después, una vez que esas minas están conectadas con tuberías al estuario, ¿quién nos dice que después de esos 20 años no van a venir otros 20 años? Es decir, el sacrificio del río Guadalquivir a la minería igual que se sacrificó por ejemplo el río Tinto y el río Odiel.
P. Claro, es un tema bastante complicado. Y dado que los daños son considerables, ¿qué consecuencias tiene esto para el ecosistema del estuario y zonas como por ejemplo Doñana? ¿Los precios dejarían de ser asequibles?
R. Hay muchas incertidumbres, hay muchas cosas que no sabemos sobre qué está pasando en relación a la contaminación minera. Entonces por eso, en función del principio de precaución, que es un principio rector de la política ambiental de España y de la Unión Europea, pues si no sabemos las consecuencias que tienen unos proyectos respecto en el entorno, pues tenemos que estudiarlas bien antes de llevarlas a cabo. Eso es el principio de precaución.
Entonces, según ese principio de precaución, lo que estamos pidiendo desde la comunidad científica y desde la mayoría de las alcaldías ribereñas y de los agentes socioeconómicos del estuario, es una moratoria a los dos nuevos vertidos mineros anunciados y un comité de expertos independientes que analice lo que ha pasado y lo que podría pasar en el futuro. Y en función de eso, pues que los representantes políticos decidan, que para eso han sido elegidos, pero que cuenten con la ciencia. Porque cuando se quiso hacer el dragado de profundización del río Guadalquivir, hubo un comité de expertos independientes.
Cuando Fertiberia planteó la restauración de las balsas de fosfoyeso en Huelva, hubo un comité de expertos independientes del que formé parte, hicimos un informe. El año pasado la Fiscalía de Medio Ambiente de la Audiencia Nacional cogió ese informe y le dijo a Fertiberia que tenía que mejorar su proyecto. Entonces, muchas veces se hacen comités de expertos para asesorar a las administraciones públicas. Y sin embargo en este caso, la Junta Andalucía se niega a contar con la ciencia.
P. Claro, es que hablamos también de que a un nivel económico lo están dejando pasar porque lo ven muy fácil para mover dinero, pero también afectaría en aspectos económicos para la pesca y la marisquería, ¿verdad?
R. Claro, es que los puestos de trabajo que crearían las minas serían mucho menos que los puestos de trabajo que podrían destruir aguas abajo. Estamos hablando de decenas de miles de puestos de trabajo que dependen de un estuario del Guadalquivir saludable. Estamos hablando de pesca, estamos hablando de acuicultura, estamos hablando de marisqueo, estamos hablando de ganadería que pasta en las orillas, que especialmente en verano hay miles de cabezas de ganado, de cabras, de ovejas, de vacas, de caballos que pastan en las orillas del Guadalquivir.
Estamos hablando de agricultura, de arroz, por ejemplo, el mayor centro de producción de arroz de Europa está aquí. Sí, en Andalucía. Y se riega desde el estuario del Guadalquivir en gran parte. Estamos hablando de turismo, de turismo gastronómico, por ejemplo, en pueblos como Sanlúcar de Barrameda y Chipiona. Estamos hablando de salud pública. Según nuestros cálculos, si se comen más de 60 galeras al año, durante muchos años, la probabilidad de desarrollar cáncer a lo largo de la vida es uno entre 50.000. Es decir, no es asumible, es muy alta. Y eso con niveles legales de cadmio, de plomo y de arsénico. Con niveles legales ya estamos en probabilidades muy altas de desarrollar cáncer a lo largo de la vida con una ingesta baja en relación a la ingesta que hay habitualmente en los pueblos como Sanlúcar y Chipiona. Entonces estamos hablando de cosas muy serias.
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P. Yo quiero hacerte una pregunta, que eso ya sale de tu opinión, que si pudieras tomar una decisión en torno a lo que está pasando, ¿cuál sería? Solo una.
R. Yo hasta ahora no he dado ninguna opinión personal en todo lo que llevo hablando. Esto sería, que he hablado de datos. Lo que he dicho es lo que hay basado en estudios científicos.
Mi opinión personal, ahora se habla de la minería circular, de la minería del siglo XXI, las empresas mineras lanzan ese mensaje. Yo en este caso no entro a juzgar si es posible la minería circular o si no. Lo que digo es, si se llevan a cabo los vertidos mineros previstos al Guadalquivir, lo van a contaminar muy, muy gravemente y eso va a conllevar la destrucción de miles de puestos de trabajo y la enfermedad de
mucha gente.
Eso científicamente está demostrado, está claro. Entonces, ¿qué hay que hacer? Mi opinión es lo que he dicho antes, una moratoria y un comité de expertos independientes, ya está. ¿Por qué le tienen miedo a la ciencia?
P. Porque al final la base de la refutación científica, es por lo que deberían basarse, sobre todo para este tipo de temas. Y ya, por último, ¿te gustaría añadir alguna cuestión más de la que no hayamos hablado?
R. Bueno, he hablado mucho de la Junta de Andalucía, que depende ahora mismo del Partido Popular, pero el otro día tuvimos una reunión con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), concretamente con la presidenta de la Confederación, que depende del Gobierno central del PSOE y fue penoso la reunión. O sea, una insensibilidad respecto a la contaminación del estuario del Guadalquivir, lavándose las manos diciendo que eso es competencia de la Junta de Andalucía y que ellas no tienen nada que ver, entonces me gustaría destacar que la competencia directa en la autorización de los vertidos es de la Junta de Andalucía, pero la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir también tendría mucho que decir y podría establecer ahora mismo una moratoria y un comité de expertos independientes, porque a la mina, por ejemplo, de Aznalcóllar le falta un papel, que es el permiso para disponer de las aguas, de las cortas mineras que van a verter al estuario del Guadalquivir y de las aguas que va a necesitar la mina durante todo su funcionamiento.
Ese permiso todavía no lo tienen y la Confederación podría establecer un año hasta darle el permiso y establecer un comité de expertos independientes durante ese año para que se investigue lo que está pasando. Entonces, en este caso, y esto es una opinión personal, veo que tanto PP como PSOE han puesto una alfombra roja a la minería y eso significa que están sacrificando Andalucía a intereses extranjeros de grandes multinacionales en un contexto de aumento de las tensiones geoestratégicas y un contexto de aumento del armamento, que tiene mucho que ver con la minería. Entonces, en este contexto, por ejemplo, se aprueba que en Alemania, si tienes entre 18 y 45 años, no puedes salir del país más de tres meses sin
tener un permiso del ejército. Eso se ha aprobado hace nada. Entonces, claro, esto es una opinión personal.
Las clases dirigentes creo que nos llevan a un contexto de enfrentamiento bélico, a un contexto de distopía ambiental con todo el tema del cambio climático. Andalucía es una de las zonas más afectadas. Y encima, mega parques fotovoltaicos por muchos sitios, ríos contaminados con la minería, perdiendo playas por la subida del nivel del mar, en un contexto de agotamiento del petróleo barato en el que cada vez va a haber menos vuelos internacionales para atraer turismo, desertificación, sobreexplotación de los recursos hídricos que puede conllevar un colapso parcial o total de la agricultura de regadío.
Entonces, nos conducen a un escenario de Andalucía como territorio de sacrificio para mantener el crecimiento continuo y acelerado de la economía capitalista que está chocando con los límites biofísicos del planeta y como los de arriba no pueden parar, porque parar en el capitalismo significa crisis, entonces nos conducen a la gente normal a un escenario muy chungo. Y aquí me quedan en este planeta 20 o 30 años con suerte, pero a los que sois más jóvenes, os queda más tiempo.
P. Es un punto de vista a tener en cuenta.
R. ¿Qué hacemos las andaluzas o las españolas en este escenario? Nos conformamos con vivir en un territorio de sacrificio y tenernos que ir de aquí, porque nosotros llevamos mucho tiempo estudiando migraciones ambientales en Senegal y sabemos perfectamente lo que eso significa y sabemos por qué están aquí la gente del ‘top manta’ y sabemos que el desierto del Sahara está cruzando el estrecho de Gibraltar. Entonces, cuando uno estudia la contaminación de los metales en las partículas del estuario del Guadalquivir y va abriendo el zoom, pues se encuentra con un escenario global que es muy preocupante y que está conectado, claro, con la contaminación minera.
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